Octubre de 2016

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Hicks y Bullard se

Hicks y Bullard se preparan para zarpar, a bordo de su kayak Inuk adaptado. 18

GROENLANDIA ETAPA 1 Knighton Bay – Islandia 420 km ETAPA 2 Islandia – Tramo por la costa 610 km ISLANDIA N A V I G A T O R ETAPA 3 Islandia – Islas Feroe 435 km PISTA DE BAILE DEL DIABLO ISLAS FEROE ETAPA 4 Feroe – Tránsito 112 km ETAPA 5 Feroe – North Rona 267 km ETAPA 6 North Rona – Cabo Wrath 80 km NORTH RONA ESCOCIA En el primer trecho de Groenlandia a Islandia todo fue según los planes. Después de cruzar 72 km de hielo compacto para llegar a la costa, el tiempo nos sonrió y pudimos completar los primeros 222 km en el mar en 40 horas. Con 24 horas de sol, la frontera entre el día y la noche se difumina y solo cuentan el buen tiempo y el mal tiempo. Por tanto, dependíamos siempre de si se abría esa ventana que debía permitirnos abandonar Islandia y prepararnos para nuestro baile con el diablo. La travesía por la temida Pista de Baile entre Islandia y las Feroe fue tan difícil como preveíamos. Al tratarse de un tramo a mar abierto, sabíamos que nos tocaría pasar seis días y sus respectivas noches en el kayak, siempre y cuando el tiempo fuera perfecto a lo largo de todo el trecho. La ventana de oportunidad finalmente se abrió y levamos anclas, pero tras 36 horas en el mar nos sorprendió un cambio de tiempo imprevisto y tuvimos que volver a toda prisa a Islandia. Por suerte, un pesquero se cruzó en nuestro camino y nos llevó de vuelta. De nuevo en la civilización, aprovechamos para descansar, aunque sin demasiados lujos: una semana después volvíamos a estar de bailoteo con el diablo y, en esta ocasión, después de cuatro días y cuatro noches en el mar conseguimos llegar finalmente hasta las Islas Feroe. Este místico archipiélago nos acogió durante tres semanas, mientras esperábamos que la Madre Naturaleza volviera a po nerse de nuestro lado. Tras otra salida en falso, con su consiguiente vuelta atrás, finalmente se plegó a nuestros deseos. Con nuestras tupidas barbas y una pesada mochila de cansancio a nuestras espaldas, retomamos la ruta. Armados con unos modestos remos y con el inmenso Atlántico Norte por delante, se trataba casi de una prueba de fe. En ese punto, empezamos a darnos cuenta de que habíamos subestimado el cansancio y la monotonía provocados por horas y más horas de remar sin Arriba, izquierda: más de 1.900 km de mar separan Groenlandia de Escocia. Derecha: el Land Rover que transportó el material y los kayaks del equipo. parar, aunque ni se nos pasó por la cabeza rendirnos. Cuando estás en un kayak a mar abierto a cientos de kilómetros de tierra firme, solo queda una opción: continuar remando. “Remar o morir”: ese era nuestro lema. Por tanto, seguimos adelante. Tras 65 horas a mar abierto, y con solo tres horas de sueño, nos vimos obligados de nuevo a doblegarnos a los caprichos del tiempo y no nos quedó más remedio que desviarnos hacia North Rona, una pequeña isla a poco más de 60 km de la costa escocesa. Una vez más, la ventana de oportunidad se había cerrado de golpe ante nuestras narices y tuvimos que esperar. Rebozados de salitre y agotados, llegamos a North Rona, casi cuatro siglos después de que los primeros inuit hicieran lo propio, para asombro de los nativos. Por delante, solo nos quedaba un último esfuerzo para recuperar el calor del hogar y, por qué no reconocerlo, para guardar el kayak y los remos durante una buena temporada. El primer reto siempre era volver a subir al kayak. De hecho, volver a meterse en el mismo kayak día tras día, semana tras semana, siempre empapados y con un tiempo de perros, nos recordaba una y otra vez la tremenda dificultad de este viaje, y también por qué nadie había intentado emularlo desde que los primeros inuit llegaron a Escocia. Aun así, cada palada y cada noche helada en el mar merecieron la pena. Como aventurero que soy, este tipo de expediciones siempre me han atraído: hazañas que nadie ha intentado o conseguido antes. Al final, estamos aquí por eso, para salir a descubrir nuestro planeta y explorar sus límites. 19

 

Revista Land Rover

 

La revista Land Rover Magazine recoge en sus páginas historias de diferentes lugares del mundo que hablan de fuerza interior y de afán de superación.

En este número, ponemos a prueba el Defender de la mano de dos intrépidos y jóvenes aventureros mientras preparan una expedición al Polo Sur. También celebramos los 50 años del Range Rover participando en una ruta que descubre las maravillas de Dubái. Echamos la vista atrás, pero también miramos hacia el futuro: un grupo de visionarios nos explica las tecnologías que pueden cambiarnos la vida en los próximos años.

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